giovedì 19 luglio 2018

El pasatiempo favorito del hombre es un collar infinito
de culpas y perdones, de accidentes y azares
que retuercen su pensamiento, una vez genuino.
Sus propias limitaciones se presentan con constancia
y son tan perseverantes que debilitan su cuerpo,
lo convierten en una pantalla espacial,
donde no brillan astros.


Así, entra en depresiones inexplicables,
se hace experto en el arte de la manipulación.
Su andar y su verbo trascienden sobre su descendencia,
se autodenomina huérfano y solitario
porque sus ojos niegan la luz de lo bello.
(no entendimos a los helénicos)


No hay un final menos triste que el laberinto del azar.
Ahí nuestra memoria fue enjaulada
y, con ella, nuestra humanidad.


El hombre: un cuerpo desmemoriado lleno de excesos.

Su alma: una semilla incultivada en tierra fértil.

sabato 14 luglio 2018

Emprendo una nueva aventura, mano en la mano,
modulando mis labios, que pronuncian palabras
que van inventando cosas nuevas.
Leyendo textos griegos sobre el alma y lo bello,
así descubrí que nací olvidada, y común.
Trasciendo en la oscuridad de mi habitación:
soy una imagen que flota sobre el agua
de su propio mar. Abrazada a los libros, a estos libros,

y al irrisorio temor de anegar.

lunedì 11 giugno 2018

Me preguntaba si han desmantelado la colosal mentira
que aferra sus garras desmemoriadas
a los tobillos de los pasantes.
Nunca antes oí tanto silencio en la mar,
nunca antes vi tantos barcos llenos de figuras
que simulaban más ser sombras.
Entonces, recordé cuando pusimos nuestros pies en el barco,
y sentimos las ondas de la corriente
repetir su eco en nuestro corazón.
Lloramos abrazados a nuestro más querido recuerdo,
con la valija y el almuerzo cocinado por nuestra madre.
No hubo conversaciones de ningún tipo,
éramos sólo unos desconocidos que compartían
un pedazo de cielo.
De pronto todo se hizo azul,
masticaba, con fatiga, ilusiones azules,
y recordaba el rostro azul de mi madre;
entrelazaba mis dedos azules, simulando un ritual secular.
y recordaba el rostro azul de mi madre
Ser, azul.
Ser otro azul.
Caída y lluvia, anticiparon el arribo,
el antiguo puerto donde nos encontramos,
y donde nos perdimos.
El silencio que desfiguró aquellos labios
revive íncubos y súcubos
que agrietan la realidad.  La hieren.
Y ésta va chorreando desasosiego,
hasta desmontar de aquellos barcos
y correr hacia la orilla de la playa.
Ahí le perdimos el rastro,
ahí nos perdimos.

domenica 3 giugno 2018



De pronto sentía la cuchilla de su mirada
penetrar dentro de mi,
así fue cómo la noche veraniega
me volvió la espalda
y arrojó su luz más antigua
sobre mi rostro.
Amplié mi pecho con suspiros
que traían pensamientos antagónicos
sobre el amor.
Un escritor italiano una vez
bendijo la soledad de su corazón;
adoraba deleitarse con su arte
sin distracciones.
Sospecho entonces que no puedo escribir lo bello,
aprendí a amar a otro,
aprendí a amar erróneamente,
(¿hay una forma correcta de amar?)
Y, de nuevo, me fui a otro país,
donde las lágrimas se extinguieron hace mucho,
donde amar es para débiles,
y sufrir en silencio es de fuertes.
No he dejado de pensar en el tuyo,
quello dove sono nata ancora una volta,
quello che mi ha donato la lingua
i costumi e addirittura l’ottimismo.
Amar sin país
es tener un Dios bueno y diferente,

que no entiende mi lengua.

domenica 1 aprile 2018

un borrador que da risa

Caímos en una espiral donde la palabra dulce,
aquella que florecía en nuestros labios,
nació con la pereza de nombrar los secretos de lo bello.
Nuestra historia es un borrador lleno de tachas,
y somos tinta esparcida sobre hojas blancas,
que deja manchados los dedos de quien una vez escribiera.
Esa pereza, ya nuestra, por venganza nos hace clavar la mirada
a un horizonte azul y amarillo, idéntico al de ayer, al de siempre.
Así, empezamos a confiar fervientemente en el azar
nos amontonamos en filas desordenadas,
esperando algo que no sabemos qué. Y con esperanza.
Entonces descubrimos que un mar infinitamente redondo
nos cubre los ojos, y desconocemos todo lo que hay en él,
y sonreímos con toda la dentadura
creyendo que es sólo una broma del tiempo.
Y terminamos por reírnos de todo,
no soportamos el silencio que pronuncia su nombre.
Entonces esnifamos un poco de alegría
para ir más allá de nuestra tristeza
porque desconocemos a ese sujeto que peinamos,
cepillamos, lavamos, vestimos y alimentamos.
En qué tiempo soñar, si el tiempo ya no es,
nos queda sólo explorar la geometría de la palabra,
aquella que fue olvidada porque ya no la entendemos.
Son sólo pocos los entendedores de lo bello
y los encerramos en el olvido de un geriátrico, porque no sabemos descifrar el secreto.

martedì 13 febbraio 2018





Traigo las manos llenas de estrellas
para vendar los ojos de la noche.
Y la luna, luna; mía y tuya,
censura mi voz y evoca
mi vista,
mi tacto,
mi oído
y prepara mi muerte, inexorable,
con su lengua de nácar,
con su palabra cósmica.




Santa Fe, 11 de mayo 2016
Anaida Sanguino Cárdenas

mercoledì 10 gennaio 2018

Cada combinación de letras, y de números,
configura una posibilidad precisa,
que nos obliga a decidir
o condescender el azar.
Entonces, la aritmética calcula
el perímetro de lo que creemos real,
volviéndolo una cifra común,
un número pronunciable,
todo porque rechazamos su intangibilidad.
A esto sigue, la obsesión por el tiempo:
hacemos monumentos que lo detienen o adelantan;
lo inmortalizamos con letras sobre telas blancas,
o de cara a los recuerdos
que evoca un whiskey.
Aquí, ahora, lo que de verdad existe,
interfiere continuamente en nuestro sistema,
interviene nuestros pensamientos;
naufraga en el mar de nuestros temores,
bombardea nuestros ojos con carteles de gran ciudad;
invade de ruidos nuestro silencio,

testificando nuestra incapacidad de estar solos.
Lo que vos querés de mí,
es lo que yo quiero de vos, pero al revés.
Siento la fatiga de la lucidez llegar a mí,
porque soy remotamente poeta.
Tú, con un cúmulo de ecuaciones
que afortunadamente ignoro,
me mirás como nunca antes
y yo te miro, pero no te encuentro.
Cada palabra que conozco, revive en tu voz
algo que desconozco: lo que querés de mí,
es lo que yo quiero de vos, pero al revés.
Las noches serán más oscuras,
y el silencio cada vez más intenso:
tal vez nunca fue, nunca será.
Hubo que florecer la primavera en mi jardín,
para que viera dos colibríes tejer un nido
y contemplar con alegre melancolía

que el amor nacía ante mí.
Dejé el café sobre la mesa, me acerqué a la ventana
y vi tus huellas serpentear una partida.
Mi vientre engendró un tibio aire que ascendía por el cuerpo,
hasta llegar a los ojos, se detuvo, y salió tintineando un adiós.
Miré la ventana y  las huellas, una mano sobre la otra:
siempre quise poseerte. Nunca por dosis, toda, toda mía,
sólo para mi. Poseer, sin ser poseída.
Ahora veo tus huellas alejarse
y me sofocan sensaciones abrumadoras.
El café sobre la mesa, una mano sobre la otra.
No tengo nada más que esto, te vas.
Miré la ventana, vi mi reflejo desafiar a este lado,
la cara derretida, los senos duros, una mano sostiene la otra,
y el café sobre la mesa.
Encender una fogata, dar fuego a todo.
No puedo poseerte sin ser poseída.
Miré la ventana, empezaba a llover,
deseé que las huellas desaparecieran pronto,
para no seguirte, no quiero ser poseída.
Quizá nos encontraríamos en el bar que nos gusta,
nos tomaríamos unas copas
y terminaríamos haciendo el amor.
Quizá nos encontraríamos en el mercado
y descubriríamos que seguimos comprando
las mismas cosas que comprábamos juntas.
Miré a la ventana y las huellas seguían allí,
el café aún sobre la mesa,
mi reflejo que trataba de hacerme enojar,
una mano sobre la otra,
y la soledad.