Caímos en una espiral donde la palabra dulce,
aquella que florecía en nuestros labios,
nació con la pereza de nombrar los secretos de lo bello.
Nuestra historia es un borrador lleno de tachas,
Nuestra historia es un borrador lleno de tachas,
y somos tinta esparcida sobre hojas blancas,
que deja manchados los dedos de quien una vez escribiera.
Esa pereza, ya nuestra, por venganza nos hace clavar la mirada
a un horizonte azul y amarillo, idéntico al de ayer, al de siempre.
Así, empezamos a confiar fervientemente en el azar
nos amontonamos en filas desordenadas,
esperando algo que no sabemos qué. Y con esperanza.
Entonces descubrimos que un mar infinitamente redondo
nos cubre los ojos, y desconocemos todo lo que hay en él,
y sonreímos con toda la dentadura
creyendo que es sólo una broma del tiempo.
Y terminamos por reírnos de todo,
no soportamos el silencio que pronuncia su nombre.
Entonces esnifamos un poco de alegría
para ir más allá de nuestra tristeza
porque desconocemos a ese sujeto que peinamos,
cepillamos, lavamos, vestimos y alimentamos.
En qué tiempo soñar, si el tiempo ya no es,
nos queda sólo explorar la geometría de la palabra,
aquella que fue olvidada porque ya no la entendemos.
Son sólo pocos los entendedores de lo bello
y los encerramos en el olvido de un geriátrico, porque no sabemos descifrar el secreto.
y los encerramos en el olvido de un geriátrico, porque no sabemos descifrar el secreto.